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Por todo esto exigimos:

Que la Administración, como responsable del control alimentario y de proveer el bienestar a todos los ciudadanos (sin excepciones), cumpla su papel.
Exigimos que haya una mayor transparencia informativa sobre investigación y experimentación genética.
Que se prohíban sin más dilaciones las patentes sobre seres vivos.
Que se prohíban las semillas y cultivos genéticamente manipulados.
Que se elabore una normativa que permita exigir responsabilidad directa a los promotores de productos transgénicos ante los daños que pudieran causar sus productos a los Consumidores y al medio ambiente.
Que las Administraciones acuerden y planifiquen la paralización inmediata de los cultivos transgénicos, asesorándose de la forma más segura para eliminarlos.

¿QUÉ HAY DE CIERTO EN LAS GRANDES PROMESAS DE LA INDUSTRIA SOBRE CULTIVOS MILAGROSOS, ALIMENTOS MÁS SANOS Y CUIDADO DEL MEDIO?
La cruda realidad es que los alimentos manipulados genéticamente no son más baratos, ni más sanos, ni solucionan los grandes problemas de la humanidad. Muy al contrario, la práctica totalidad de los nuevos cultivos han sido diseñados exclusivamente con el objetivo de aumentar las ganancias y el control del mercado mundial de alimentos por la industria agroquímica transnacional, que controla el gran negocio mundial de los herbicidas y plaguicidas químicos, y que se ha fusionado con las grandes casas mundiales de semillas.
Una abrumadora proporción de la superficie de cultivos manipulados genéticamente se dedica a variedades tolerantes a los herbicidas, que se venden en un “paquete” que obliga a la utilización de determinados herbicidas, aumentando la dependencia del agricultor y asegurando con ello a la industria un lucrativo negocio, al tiempo que se continúa envenenando el medio ambiente y nuestra salud.
Le siguen en importancia las variedades insecticidas. El cultivo de estas variedades a gran escala puede tener unas gravísimas repercusiones en los ecosistemas, al afectar a especies beneficiosas, como los insectos que transportan el polen de una planta a otra, ó a insectos que se alimentan de las plagas y que suponen una forma natural de control de las mismas, así como a organismos del suelo (bacterias, hongos, gusanos, ...) que son imprescindibles para su fertilidad. Sin embargo, en la carrera de la industria biotecnológica por acaparar mercados, estas cuestiones apenas han sido estudiadas, y nuestros campos se están convirtiendo en ensayos experimentales a gran escala, sin tener en cuenta que si algo “sale mal”, no nos será posible controlar la “contaminación biológica” que estamos provocando.

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