Desde hace un tiempo
la ciencia está consiguiendo lo que la naturaleza no puede:
trasplantar las propiedades de una especie –planta, animal
o ser humano– a otra especie. Así nacieron los organismos
genéticamente modificados (OGM). La modificación genética
se aplica sobre todo en el ámbito de la salud (por ejemplo,
en la producción de medicamentos) y en la producción
alimentaria (de naturaleza animal o vegetal). En España,
además de los cultivos experimentales, se permite el cultivo
comercial de un OGM, el maíz BT, del que ya se han comercializado
semillas y recogido cosechas. Pero es posible que otros OGM estén
presentes en los alimentos hechos a base de ingredientes importados,
como patatas chips, galletas, alimentos infantiles y salsas.
Esta nueva técnica suscita muchos debates entre partidarios
y detractores.
La controversia más viva en cuanto a la oportunidad de las
modificaciones genéticas se refiere a la agricultura y a
la alimentación. Los detractores esgrimen los riesgos eventuales
para el ser humano y el entorno, la ausencia de ventajas sociales
y el dominio amenazante de las multinacionales. Los partidarios,
por su parte, basan sus argumentos en las medidas estrictas tomadas
con vistas a excluir riesgos y en las múltiples ventajas
posibles a largo plazo.
El hecho es que la naturaleza se utiliza como laboratorio para experimentos
cuyos efectos aún no se pueden evaluar a largo plazo. Esto
explica, además, por qué esta técnica suscita
tal desconfianza en diversos medios sociales y por qué se
exigen tan estrictas garantías de seguridad de manera tan
insistente.
Este site de la OCU responde a las principales preguntas relativas
a los OGM basándose en el conocimiento científico
actual en la materia. También se examina cómo y en
qué condiciones la moderna biotecnología podría
proporcionar una atención sanitaria eficaz y accesible, unos
alimentos de buena calidad en abundancia y un nivel aceptable de
bienestar general. |