¿Qué son las Plantas Transgénicas?
Con un impresionante ritmo de progreso en las últimas décadas
-similar al observado en el mundo de los ordenadores-, la moderna
biotecnología nos ofrece ahora posibilidades para injertar
en una célula uno o varios genes de interés. De
esta célula se regenera luego una planta completa (“transgénica”)
y tenemos:
Más posibilidades: pues los genes de interés
se pueden conseguir a partir de plantas u organismos con los cuales
la variedad cultivada no es compatible sexualmente.
Más precisión: pues el intercambio
de genes se limita a los genes de interés, que representan
alrededor de una parte por millón del genoma total de la
planta, en contraste con el cruzamiento sexual que intercambia
proporciones muy superiores del genoma.
Mayor conocimiento: pues mientras que con las
mejoras conseguidas por mutaciones y cruzamientos conocemos el
resultado final, pero no sus causas genéticas, en el caso
de las plantas transgénicas están definidas las
secuencias genéticas, sus consecuen-cias en la composición
de las plantas y su seguridad para personas y para el medio ambiente.
Este conocimiento puede observarse en varios libros escritos por
destacados científicos españoles (como “La
Tercera Revolución Verde” del Prof. Francisco García
Olmedo, “Introducción a la mejora genética
vegetal” del Prof. José Ignacio Cubero o “Los
genes que comemos” del Dr. Daniel Ramón, etc.), o
de forma resumida en el Cuaderno “Plantas transgénicas.
Preguntas y respuestas” editado por la Sociedad Española
de Biotecnología y que puede conseguirse gratuitamente
en la Fundación ANTAMA (
www.fundacion-antama.org).
La moderna biotecnología ya lleva tiempo usándose
para la producción de medicinas, detergentes biodegradables,
y otros productos de consumo.
La novedad de la tecnología empleada en estas mejoras ha
motivado que se establezca la necesidad de su autorización
“caso por caso” antes de que una planta genética-mente
modificada pueda sembrarse comercialmente, lo que ha permitido
unos resultados satisfactorios durante 6 años de uso extensivo
en EEUU, Argentina, Canadá, Australia y otros países
en los que se ha sembrado una superficie total de más de
175 millones de hectáreas. Numerosos estudios realizados
durante los últimos años, incluyendo 81 proyectos
financiados por la Unión Europea, han llegado a la conclusión
de que la seguridad de las nuevas plantas es similar a la de las
variedades convencionales, pudiendo obtenerse producciones de
alimentos superiores con menores necesidades de insecticidas,
combustibles, suelo, agua y otros recursos. De ésta forma
se confirma una vez más que el mayor conocimiento de los
cambios realizados no representa un riesgo añadido sino
todo lo contrario.